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Por qué Chile necesita un Estado digital que no se enamore de su propio reflejo

Narra Ovidio en Las Metamorfosis que la ninfa Eco, castigada por Juno, quedó condenada a repetir las últimas palabras que otros pronunciaban. Enamorada de Narciso, solo pudo devolverle sus propias frases. Narciso, en cambio, se inclinó sobre una fuente, quedó cautivado por la imagen que el agua le devolvía y permaneció allí, contemplándola, hasta consumirse. Ninguno de los dos avanzó: ella, porque solo podía repetir; él, porque lo que veía le parecía suficiente.

El mito ofrece una clave útil para pensar la transformación digital del Estado chileno. No porque falten talento o voluntad, que los hay, sino porque nuestra forma de conducir esta política tiende a reproducir ambos rasgos: repetimos diagnósticos que ya se habían formulado, y con frecuencia nos miramos en un espejo que nos devuelve una imagen más favorable que la realidad.

Es que cada elección presidencial trae consigo algo así como la refundación de la República. Llega un equipo entusiasta, con un diagnóstico que cree inédito, y constata que el Estado no funciona como ellos creían, que hay asuntos legislativos y técnicos pendientes y que existe una alta demanda por más y mejores servicios. Entonces, se crean estrategias, planes y productos para conseguir el objetivo. Leer más