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Viejos fracasos: un Centro Universitario de Bioderecho para Chile

Hace más de 10 años atrás, cuando trabajaba en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, me di cuenta que una parte importante de los programas y centros universitarios enfocados en Derecho y Tecnologías, gracias al impacto de la secuenciación computarizada del ADN humano, estaban haciendo un giro hacia el Bioderecho (no confundir con la Bioética, rama de la Ética y no del Derecho), esto es, hacia el estudio e investigación del conjunto de principios y normas relativas a la materia viva presente en el planeta, sus ecosistemas y su evolución, particularmente cuando esta materia viva se interrelaciona con las tecnologías.

Tan fuerte era (y es) esta tendencia que incluso el más importante jurista en Genoma y Bioderecho de habla castellana, el profesor Carlos Romeo Casabona, es especialista en criminalidad informática (una cara del Derecho Informático), un penalista de excepción… y también es médico.

No estoy diciendo que los abogados debamos entrar a la Facultad de Medicina, sino que el desarrollo de tecnologías y el procesamiento automatizado de la información de materias vivas abrió nuevos campos al saber jurídico, y los centros universitarios que en el mundo se dedicaban a Derecho Informático abrieron programas y líneas de investigación en estos nuevos derroteros.

Pero eso no fue lo que ocurrió en Chile, a pesar de que estuvimos en esa cruzada el ya fallecido profesor Gonzalo Figueroa Yáñez (el último de las viejas glorias del Derecho Civil chileno y el pionero en estas nuevas materias en nuestro país), la profesora Lorena Donoso Abarca y quien suscribe, pero fracasamos en nuestro intento o, dicho de otro modo, no convencimos sobre la urgencia y necesidad que la Facultad de Derecho abriera esta línea de desarrollo.

Y ese fracaso tiene hasta hoy consecuencias graves en la formación de los abogados de nuestro país.

Así, si les consultáramos a los profesionales del Derecho sobre la protección jurídica de la biodiversidad, muy pocos de ellos podrían contestarnos. Y si les preguntamos sobre protocolos de bioseguridad, ya prácticamente nadie levantaría la mano.

Pero es que no es solo eso, sino que hay más: los abogados que se forman en nuestro país no saben sobre los principios y normas aplicables al consejo genético, a la terapia génica, qué son las prácticas eugenésicas y cuándo podrían ser aplicables, no tienen nociones sobre el marco normativo aplicable a la reproducción asistida, o la relación de los donantes anónimos de gametos con sus eventuales hijos, ni el régimen de los vientres de alquiler, etcétera.

De hecho, la ciencia puede crear un ser humano completo y diferente a su “progenitor” a partir de las células de una uña (no es clonación de humanos) pero, jurídicamente, ¿es lícito hacerlo o no?. Nuestros abogados no tienen certezas, y más que probablemente los jueces tampoco, aunque está llamados a dictar sentencia cuando se presente un caso.

El avance de la ciencia permite, por ejemplo y desde hace mucho, crear zancudos modificados genéticamente cuya picadura le producirá la muerte a una específica persona y a nadie más: ¿es legal “fabricar” ese zancudo aunque nunca se use para matar?.

Como la lista de lo que no estamos investigando puede ser un poco larga, les presento una especie de síntesis o agrupación de temas, a modo meramente ilustrativo:

  • Genoma humano y derechos fundamentales. Solicitudes de exámenes de ADN en el ámbito laboral. Uso de ADN como identificador de delincuentes. Medidas de seguridad de bases de datos de ADN y de muestras de tejidos. ¿Pueden o deben las Compañías de Seguro tener acceso a bases de datos de ADN para prevenir riesgos?.
  • Derechos constitucionales y experimentación en organismos vivos. El principio de precaución. El derecho a “no saber” lo que revelan los genes.
  • Régimen jurídico de los transgénicos. Límites en el desarrollo de Organismos Genéticamente Modificados (animales y plantas).
  • Conocimiento de la probabilidad de cometer delitos en base a la secuenciación del ADN de las personas (¿a los de mayor riesgo les vigilamos desde ya?).
  • Derechos de la personalidad y derecho a la identidad de personas respecto de vientres por subrogación. Filiación en embriones criogenizados. Testamento vital. Protección de datos genéticos.
  • Nuevos horizontes de la responsabilidad médica, del secreto profesional y de la investigación farmacológica en casos de tratamientos y fármacos “personalizados”. ¿Se debe aceptar el patentamiento de medicamentos creados para una persona determinada?.
  • La libertad de investigación biotecnológica y su regulación. Régimen jurídico para los organismos modificados genéticamente. Biodiversidad y protocolos de bioseguridad.

Por supuesto que hay muchos otros temas relevantes e incluso más actuales a los que les presento (estos eran de hace una década), pero al día de hoy prácticamente ningún profesional del Derecho de nuestro país está en condiciones de contestarlos pues, como ya les dije, el que las Universidades del país no hayan generado centros o programas de investigación en la materia generan estas debilidades no solo en la formación de pregrado y postgrado de los abogados, sino también en la sociedad toda que no cuenta con elementos de juicio para decidir sobre estos temas.

La excepción parece ser el Observatorio de Bioética y Derecho de la Facultad de Medicina de la Universidad del Desarrollo, pero aparentemente no despliega una actividad interesante y tampoco tiene impacto en la formación de las profesiones jurídicas.

En cualquier caso debe tenerse presente que nada de esto no es instantáneo: generar esas capacidades requiere algo de tiempo (un año, según mi experiencia), esfuerzos y recursos, pues no hay atajos: un programa de tales características tendrá que hacer mucho en poco tiempo, estudiando primero e investigando después para generar conocimiento nuevo. Y solo después de eso puede dar paso a la docencia de pregrado, postítulo, postgrado y más.

Entonces, si alguno de los lectores está dispuesto a inmolarse por la idea, mejorándola y dándole nuevo impulso, dejo al final de estas líneas un antiguo borrador del proyecto original (más que nada, para no empezar con una página en blanco) y, si llega a tener éxito, con que me invite a la inauguración me declaro más que contento.

 

Descargar aquí el antiguo proyecto para crear un Centro de Bioderecho.

 

Carlos Reusser

Abogado, Univ. de Chile. Magíster en Derecho Constitucional por la Pontificia Univ. Católica de Chile y Máster en Informática y Derecho por la Univ. Complutense de Madrid. Docente universitario. Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

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