Hay una pregunta que parece extraña al principio, pero que tiene consecuencias muy concretas en la vida de las personas: ¿puede una máquina ser injusta?
Alguno dirá que depende de cómo la han programado. Y otros dirán que no, porque una máquina no tiene prejuicios, sino que solo calcula, lo que, por definición, es objetivo.
Imaginemos a un estudiante extranjero que, para llevar adelante una investigación, se instala en la biblioteca de la Escuela de Derecho a consultar la jurisprudencia de las Cortes de Apelaciones de la República de Chile.
Y revisando las bases de datos encuentra 2600 fallos —de diversos años— dictados por la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Tacna.
Sin más contexto, el estudiante creerá que la ciudad de Tacna pertenece a Chile. No por algún trasnochado nacionalismo, sino porque los datos de los que aprendió le presentaban información sesgada o descontextualizada, que no se hacía cargo del devenir histórico. Leer más