¿Es usted un abogado que aspira a convertirse en notario, conservador o archivero judicial y asegurar, de paso, una posición de poder económico sostenido, un monopolio territorial y una gravitación política no menor?
Magnífica elección. Estamos hablando de uno de los oficios más rentables del país: ingresos estables, barreras de entrada históricamente altas y una función que combina autoridad, dinero e influencia. No es simplemente una oficina: es un centro de poder con firma y timbre.
Pero se ha presentado un obstáculo inesperado. La Ley N° 21.772, que reformó el sistema notarial y registral, ha dispuesto que ahora, para alcanzar esa posición, los interesados deberán aprobar una prueba de conocimientos cuya elaboración se ha encargado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Una evaluación. Un cochino filtro meritocrático.
Respire y cálmese: un examen no puede poner fin a sus aspiraciones, particularmente cuando se trata de una evaluación en línea, según informaron el Director del Servicio Civil y el Decano de la Facultad en declaraciones al Diario Financiero del 29 de enero pasado, y con las medidas de resguardo y seguridad requeridas.
Y nada adormece más la razón que una promesa genérica de “resguardos adecuados” cuando lo que está en juego son cargos que concentran dinero, influencia, poder político e inamovilidad por décadas. Porque, si algo enseña la experiencia, es que ante incentivos económicos extraordinarios la creatividad humana no se inhibe: se profesionaliza.
Así, la existencia de una prueba en línea no es un límite para su desbordada ambición, sino simplemente un nuevo escenario sobre el cual hay que actuar. Y cuando el poder que se disputa es tan considerable, asumir que todos competirán como alumnos aplicados es una forma de ingenuidad escandalosa.
En efecto, creer que el problema estructural del sistema notarial se resuelve con una plataforma en línea es como pensar que la corrupción desaparece al digitalizar el formulario, cuando en realidad la seguridad del diseño debe ser proporcional al poder que se distribuye. Pero si los encargados de gestionar la reforma no se dieron cuenta, ¿qué necesidad tenemos nosotros de decirlo?
Así que, con el objetivo ya en la mira, ponga atención a los siguientes cuatro pasos:
PASO 1: COMPRENDA QUE EL EXAMEN ES SOLO UNA VARIABLE
En un escenario donde el cargo en disputa puede significar ingresos anuales comparables a los de una mediana empresa —con márgenes, estabilidad y proyección por décadas—, el examen deja de ser una cuestión de conocimientos y se convierte en una inversión estratégica.
No lo mire como un examen. Mírelo como un trámite dentro de un proyecto patrimonial de largo plazo. Y en esa ecuación, la “dificultad” del examen es apenas un factor más.
La meritocracia, cuando se disputa poder real, es solo un obstáculo que debe administrarse.
PASO 2: APLAUDA, SIN RESERVAS, LA MODALIDAD REMOTA
Una evaluación a distancia no es sólo un formato; es una declaración de confianza en la autorregulación y la bondad natural de quienes compiten.
¿Mantener la webcam encendida? Siempre existen zonas fuera de cuadro. ¿Micrófono permanentemente activo? Los «parlantes» ya caben en el interior del oído.
Es más: la evaluación remota es estructuralmente vulnerable, pues no hay plataforma en línea que pueda detectar tanto una cámara oculta apuntando a la pantalla como a un audífono en el oído que te entrega las respuestas.
Así que, cada vez que escuche elogios a las virtudes de este examen a distancia, aplauda con entusiasmo. Hágalo sin reservas, con convicción escénica, hasta que el sonido de los aplausos sustituya cualquier análisis sobre la razonabilidad del diseño. Porque, cuando el aplauso es suficientemente fuerte, la crítica suele volverse inaudible.
PASO 3: NO SUBESTIME LA INTELIGENCIA COLECTIVA
¿Quién sostuvo que la meritocracia es necesariamente individual?
En una prueba en línea, el postulante puede convertirse en la interfaz visible de un esfuerzo coordinado. Equipos jurídicos analizando preguntas en paralelo. Canales de mensajería entregando respuestas silenciosamente sobre su mesa.
Y si se prefiere mayor discreción, basta con un colaborador de absoluta confianza en la habitación contigua, apoyado en modelos de inteligencia artificial que contesten las preguntas. En segundos, la exigencia de conocimiento se diluye para quienes creen, ingenuamente, que aprobar supone saber.
PASO 4: ENTIENDA LA PSICOLOGÍA DEL PODER
Un cargo notarial no es sólo un empleo de remuneraciones millonarias. Es autoridad jurídica, es pertenecer a redes de influencia e incluso incidir en el mundo político, pues incluso se estará en posición de financiar campañas electorales.
Pensar que todos los aspirantes enfrentarán ese horizonte con puro espíritu competitivo («¡Que gane el mejor!») es una hipótesis amable, pero nada realista.
CONCLUSIÓN: EL EXAMEN NO ES UN LÍMITE, ES UN ESCENARIO
Cuando el Estado decide que el acceso a posiciones de enorme poder económico y jurídico se definirá por una prueba, el diseño del mecanismo debe ser proporcional al poder que distribuye.
Creer que la mera existencia de un examen —y, más aún, en modalidad remota— resolverá décadas de vicios estructurales es una forma sofisticada de estupidez institucional.
Si se quiere meritocracia real, el proceso debe estar blindado con estándares equivalentes a la magnitud del premio. De lo contrario, el examen no será un filtro efectivo; será un decorado tranquilizador.
Y los decorados, como sabemos, pueden impresionar al público. Pero no cambian la obra que se está representando.