La noticia de la partida de Diana Dulić nos tomó por sorpresa, pues estábamos convencidos de que había vencido las adversidades mayores. Se nos fue una amiga entrañable, una científica notable, una conversadora de opiniones directas —a veces demasiado directas— y una profesora que amaba la vida.
Hija de una familia prominente de la antigua Yugoslavia, Diana nació en Belgrado y siguió el rastro de la ciencia desde siempre. Se formó en la Universidad de Belgrado, obtuvo su doctorado en Física en Groningen —una de las cunas europeas de la investigación avanzada— y trabajó en centros que cualquier científico reconoce con respeto: CEA París-Saclay, la Universidad Técnica de Delft e IMEC en Lovaina, verdadero templo mundial de la nanoelectrónica. Lugares donde se investiga el futuro antes de que tenga nombre.
Y, sin embargo, el mapa terminó doblándose hacia el sur. La vida —que tiene más imaginación que cualquier plan de carrera— la trajo a Chile junto a su hija. En 2013 llegó a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y desde ahí comenzó a construir investigación, desde luego, pero también a levantar y consolidar afectos, estudiantes, amigos y conversaciones frente a un café. Leer más